Amaitée-Anna-Rosa

Artista plástica, egresada de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Guadalajara, (1978-1982). Donde impartió clases por 5 años en las materias de: Taller de Geometría Analítica y Descriptiva, Taller de Diseño Arquitectónico, Historia de la Arquitectura, Historia del Arte y otras más.
Se forma en Escultura con la Maestra Carmen Ávalos de 2009 a 2013. En encáustica con el Maestro Ignacio Osuna. En Grabado con el Maestro Gualberto Soto.
Se integra a Exágono, taller de desarrollo de capacidades creativas con la Maestra Toni Guerra en 2013.
Tiene diplomado en Apreciación de las Artes Visuales avalado por el INBA.

Arquitecta por formación, escultora por pasión.
Inquieta y curiosa, más que buscadora encuentra respuestas que la han llevado por diversos caminos, amplificándose en temas complementarios que le dan sentido a su vida y la llevan por el camino del autoconocimiento y vida interior. Estudiosa de lo que se siente y no se ve, transita desde hace años por diferentes caminos y múltiples disciplinas para contactar e interpretar el mundo interno.
Su trayectoria artística la ha llevado a participar en diversas exposiciones colectivas e individuales y en distintas subastas de arte.

La poética
de Amaitée
Guadalupe Aguayo

“No es preciso imitar lo que se quiere crear”. Braque

La pintura de Anna Rosa Pelayo –Amaitée- es de una inmersión anímica y fuerza vital. Sus composiciones preñadas de savias primigenias evocan una ontología pictórica. Con ella, se está frente a una artista de existencia nómada abierta a múltiples derivas. En cuya propuesta, confluyen poesía y pintura, en su cualidad de lenguajes portadores y provocadores de una experiencia estética y emocional. Cuya naturaleza sitúa la paisajística de la vida y el alma entregada a la exploración del sustrato último que enlaza a ambas manifestaciones artísticas: las profundidades más recónditas del ser.

Su creación deviene en estado propiciatorio para la construcción de un discurso visual, donde la escritura poética se transforma en el detonante de un imaginario autónomo abierto a diversas ideaciones. Así su obra plástica no refiere ni reproduce la realidad exterior, por el contrario, en acuerdo con su naturaleza poética que borda fino en el horizonte de la fecundidad y la sugerencia, la creadora residente en Guadalajara, Jalisco, se explaya a través de una plasticidad plena de insinuación.

Así como el color, se da la forma, en un vibrante movimiento que da cuenta de los estremecimientos anímicos. Concentrada en el génesis de la vida y el mundo interior, su iconografía de gramática abstracta y gestual acusa gran libertad compositiva, derivada del protagonismo de la intuición y la espontaneidad, orientadas a la captura de esencias y umbrales que coexisten en la dimensión subjetiva. Esa atmósfera capaz de tener suspendido en el aire, a la forma, la luz y el color. A través significante o signo visual que nos lleva siempre al efecto revelador de la poética.

El elemento prístino en el planteamiento de su obra viene a ser el dibujo, actividad manual y base principal de los procesos preparatorios en el trabajo plástico de Amaitée, disciplina que permite examinar los planteamientos de la forma y el color en papel, tela o madera; su significado, cimientos que en su pintura han ido construyendo lo dado por el inconsciente y el trazo.

Amalgamas de óleo cera y temple, realizadas con pincel, brocha o espátula, en exaltación e impulso de la gestualidad de la paleta, evocan sin duda, las obras de la estadounidense Georgia O’keeffeAbstracción, Resplandor I, 1921 y Alga, 1927.Adscrita a la abstracción gestual que invitan al espectador a emprender una lectura plástica debido a que en los lienzos de Amaitée hay de todo a lo largo y a lo ancho, por lo alto y por lo bajo, desplazamientos de formas, -en momentos de formas que vuelan- como en Argonautas, 2015 o Intervalo, 2016.

En Aurora, Efluvio, El Guardián de la flor 2015, un cromatismo tonal emerge a través del rojo, naranja, azul, amarillo, rosa, negro, en registros y veladuras de gran intensidad luminosa y estructura magnética. En contraste con la densidad del pigmento, el perfil áureo se extiende con ligereza a través del centro y de los márgenes del espacio pictórico. Impresos de expresividad, lo suyo son retículas, células, nidos, vuelos, umbrales, ángeles, aves, sueños y pulsiones, a través de curvas, ondulaciones y zigzagueos: delgados, sinuosos y evocadores. En las que cabe destacar sus más recientes obras: Sin título, Hormiga pescadora, Intervalo,2016. Donde se rompe la verticalidad y la racionalidad para arremeter en el lienzo desde el suelo, y el cuerpo forma parte de la pintura y del cuadro. En todo caso la abstracción expresada por la artista es de tendencia lírica, en virtud de su impronta intimista.

Con ella, se descubre una obra personal, singular, interiorista, de puertas adentro y de tono confidencial, la cual se inscribe en vertiente estilística no objetiva. Sin duda una genealogía que en México ha sido explorada por el trabajo de otras mujeres mexicanas como Cordelia Urueta y Lilia Carrillo hasta Irma Palacios, pasando por numerosas exponentes de la nueva abstracción. Por tanto, la sígnica del valor simbólico en su propuesta artística, cobra ambigüedad tan pronto como el espacio de la representación es conquistado por poderosas plasmaciones libres. Las cuales remiten a los sustratos constitutivos del arte y del mundo, que sin duda provocan en el espectador una pluralidad de reflexiones sobre las esencias y los orígenes, refiriendo así, una paisajística telúrica más allá del tiempo, que resulta hondamente evocadora de las fuerzas cósmicas.

La escultura

La producción escultórica de Amaitée, constituye una estatuaria de índole sensual, fecunda y emblemática. De ahí la sugerencia y poder de atracción visual ejercido por las obras de esta autora, cuyo muy personal lenguaje volumétrico encuentra en la técnica con el barro bruñido, el bronce y encausto principalmente, una vigorosa fuente nutricia.

Así, en sus trabajos hay una emancipación de las concepciones estéticas del pasado y toma como punto de partida la ruptura con los postulados de las primeras vanguardias del arte moderno y se inserta en una plástica contemporánea, que dispone de completa libertad y legitima las tradiciones iconográficas en términos espaciotemporales.

Ahora bien, una parte considerable del trabajo de la artista está integrada por una estatuaria universal donde se conjuga la naturaleza y el rumbo del ser, lo cual es posible observar en su serie Cartapacio del destino, en otras, se concibe el objeto mismo como mensaje lo cual se traduce en Abierta semilla, Implantación, Ciclos y Semillas al viento, 2015, de mensaje epigráfico sino iconográfico, de cuya naturaleza emerge la vida.

Sus obras Emanaciones, Desdoblamiento y Cámara 4, 2016, muestran preocupación por capturar la forma, el detalle, la porción apta para dar cuenta de la urdimbre íntima de la esencia del objeto, lo cual se traduce en el surgimiento de estructuras que vislumbran una firme determinación a favor de la experimentación.

En conclusión, la autora consigue comunicar un dinamismo entre energía y materia donde cabe recordar como en la mitología griega a La gran diosa (madre tierra) como dadora de vida y fuente de toda creación. Lo cual testimonia una práctica artística que con intuición sincretiza vocabularios plásticos en la que forma y volumen son sustancia de estilización y vehículo de significado.

Así resuelve con brillante ejecución el arte de dar forma a lo inscrito en la imaginación, la ensoñación, el recuerdo y el deseo. Ya sea en bronce, cerámica o en fundición de aluminio y papel de algodón, en su obra hay cabida a la voluntad de la improvisación, al azar y a los umbrales de luz que apuntan hacia una complementariedad simbólica, a saber entre lo estable y lo dinámico, lo limitado y lo ilimitado, lo temporal y lo intemporal, lo finito y lo infinito, lo terrenal y lo celeste.